Ulises

Cuando Ulises, perdido en el mar, entre las islas del mar Egeo, anhelaba Ítaca, no lamentaba únicamente a Penélope y Telémaco. No, era algo mucho más grande, mucho más profundo, arraigado en sus entrañas.

Cuando, en sueños, hablaba con ellos, y paseaba entre casas y campos de trigo y olivos, y rebaños de ovejas… cuando saboreaba una copa de vino bajo las estrellas de las Islas Jónicas… entonces sentía que el mundo entero estaba bien. El Cosmos estaba alineado, y cada partícula en su lugar correspondiente. Toda vida y toda muerte tenía sentido.

No había nada de qué preocuparse, y nada más importaba; ninguna dificultad o problema merecía su inquietud, cuando Ulises soñaba con Ítaca.

Estar allí tan sólo, durante un momento fugaz. Compartir momentos a la vez insignificantes y únicos con su gente amada y añorada. En el lugar donde sus primeros recuerdos vieron el mundo con ojos borrosos pero nuevos, ilusionados y asombrados.

Volver a casa, al hogar: éste era el sentido último para Ulises, y el propósito de su aventura.

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This work by Jorge Albaladejo. is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 4.0 Internacional

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