Princesa de la risa y el drama

Ella era la princesa de la risa y del drama. Cada vez que sonreía, derretía el hielo de las copas. Cuando nos miraba, nos embelesaba con su dulzura. Recuerdo los días de camping tanto como las noches, aunque bajo el sol nadábamos y dormíamos, y bajo la luna, el calor era distinto. Recuerdo también que las cervezas nos sabían dulces en vez de amargas, y que mucha gente envidiaba su sonrisa.

La primera vez que la vi, sus ojos brillaban tanto que tuve que apartar la mirada. Me pasé la noche mirando al suelo, pensando que yo nunca había matado un dragón. Después ella se marchó buscando aventuras, y estuvo un tiempo luchando en pos de fama y de gloria. Era la princesa más guerrera que nunca he conocido.

Cuando volvió del extranjero, yo seguía siendo un escudero, pero ya me había ganado los favores de alguna reina. No me había enfrentado aún a dragones, pero sabía lo que era la batalla, y sabía que no siempre se gana, y que pierda quien pierda, siempre hay vidas que se quedan en la hierba. Su sonrisa había aprendido también todas estas cosas, pero sus ojos se habían llevado la peor parte. Algo había pasado, ya no reconocía caras, miraba personas, pero veía horizontes.

Aquéllos fueron días de agua y miel. El cielo no era demasiado bonito, y llovía a menudo, pero éramos felices. Sabíamos de la guerra lo mismo que del amor, conocíamos al enemigo, estábamos vivos y podíamos contarlo. El futuro era gris, pero no lo era menos el pasado. Quien dijo que todo el mundo desea ser feliz, se burlaba de nosotros. Ser feliz implica la responsabilidad de vivir, y eso es algo a lo que muchos campesinos tienen miedo, más que a las quimeras, más que a las bestias de siete cabezas.

Ella había comenzado a fumar. Decía que fumar ayudaba a evitar los problemas. Cuando das una calada no ves el humo entrar, pero sí que lo ves salir. Puedes llegar a creer que exhalas todo lo malo y se desvanece como el humo del cigarro, si no te paras a pensar mucho en ello. Puede funcionar, supongo, aunque realmente aspiras más azufre del que expulsas. Y cuando el saco se llena, explota.

En cuanto a mí, yo creí haber muerto y resucitado en otra persona, mucho tiempo atrás, pero ahora me doy cuenta de que sólo evolucioné. Es menos doloroso, supongo, aunque también menos poético. No hay nada romántico en la evolución, pero sí en el renacer de las cenizas, eso suena realmente épico. Para no quitarle todo el mérito, siempre digo que, de algún modo, fue bonito.

Los días pasaban y los ojos de mi princesa se consumían. Sus últimas miradas fueron vacías. Ella seguía intentando sonreir, pero todos sabíamos que mentía. Un hada me dijo una vez que le encantaban las historias breves porque siempre le dejaban un bonito recuerdo. No había tiempo de sentir la amargura de la despedida. Yo no estoy de acuerdo, porque ser breve no implica ser menos intenso, y porque una flecha que sólo se clava un segundo y te deja vivo no duele menos que otra que se clava para siempre, pero te mata en un segundo.

Antes de que ella dejara de creer en la magia, me dijo ‘has sido un buen escudero, pero los escuderos no saben arrancar zarzas ni cuidar enredaderas; no saben llorar’. Yo la vi morir, sucedió en mis brazos. Ahora hay una guerrera que usa su nombre e intenta sonreir como ella. Dice que es la misma, que las cosas cambian pero las personas no. Y ambos sabemos que miente.

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