Como una estrella

A sus quince años aún no sabía bien de qué va todo esto. Algunos le dijeron que tenía una vida por delante, y de hecho echaba de menos muchas sensaciones que aún no había experimentado. Sin embargo, cuando se levantaba por las mañanas, y antes de acostarse, siempre pensaba que ya había vivido demasiado.

Pasó algunos años empeñado en descubrir todo aquello que le faltaba por saborear, así que comenzó a andar mirando el suelo, y cambió las estrellas del cielo por las de las aceras de Hollywood. En poco tiempo, se sabía todos los nombres que necesitaba saber para alcanzar el firmamento, y se convirtió en un chico famoso. Conoció a una chica muy guapa, él pensó que debía probarlo todo, y ella que aún le quedaban cosas por disfrutar, así que decidieron quererse un poco.

Algunos, cuando lo veían en televisión, decían: ‘Es el chico que tenía una vida por delante… pobre, ahora ya sólo le queda media…’ Pero él, cuando se levantaba por las mañanas, únicamente pensaba en qué nombre pronunciaría durante todo el día, y salía a la calle a buscar nuevas estrellas en el suelo y a recitar la lista a la gente que encontraba en su camino, para demostrar a todo el mundo que sabía más que ninguno. Había vivido mucho y muy rápido, pero ahora realmente creía tener toda una vida por delante.

Poco tiempo después, salió por última vez en televisión. El forense diagnosticó sobredosis de experiencias. Algunos dijeron: ‘Sabíamos que moriría así. Consumió tan rápido su vida, que se atragantó’. En la lápida, su novia mandó escribir: ‘Siempre fue un gran tipo. Nunca necesitó demostrar nada. Se paró a explicar a los demás que aún le quedaba mucho suelo por andar, y las estrellas se le amontonaron encima, hasta aplastarle. Te quiero. Siempre te querré’. Lo cierto es que no fue un gran funeral, pero a su manera fue bonito, porque asistió mucha gente y todos lloraban como si les doliera haberle perdido.

Ella encontró pronto otro chico que buscaba estrellas, pero de papel de plata, y se enamoró, o se enganchó, no lo recuerdo; poco a poco dejó de mirar al suelo. Los hombres que veían telediarios, creían saber lo que sucedía en el mundo; murieron sabiendo todo lo que hay que saber. La gente importante dejó de escribir sus nombres en las aceras; no querían que nadie más muriera por su causa. Y el chico, allá donde estuviera, se sentía orgulloso de haberse aprendido en el suelo todos los nombres que necesitaba para alcanzar el firmamento.

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