Las hadas duermen muy poco

Los primeros días todo tiene su gracia, supongo; las expectativas cabalgan a lomos de tiranos con prisas, aunque después la situación comienza a perder sentido. Al principio sus pupilas son espejos de Narciso, y cada contorno suyo la máxima expresión del artista que alguna vez anhelamos llegar a ser.

Pero esas vagas sensaciones se acaban desvaneciendo como una bocanada de aire cuando respira sobre mi cuello, como un dulce beso acaba tornándose invisiblemente frío cuando cruza la escasa distancia que nos separa. Las hojas del calendario son inútiles en año nuevo.

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