¿Qué es la magia?

¿Qué ha sido de todo aquello? De aquellas películas de los años 40, ¿dónde han ido a parar?

¿Quedan ojos repletos de miradas, miradas llenas de algo más allá de la mirada? Quedan sueños en la despensa, en tarros de cristal, aún hay alguna lata de ilusiones con fecha caducada. Sé que cometo errores, pero no suelo cometerlos dos veces, sé que cometes errores, pero no estaré dos veces para verlo.

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El alba

Hay un lugar donde van los soñadores que han dejado de soñar. Donde las finas cuerdas de la esperanza huelen a guitarra. Hay una razón por la que las musas casi siempre son mujeres, y casi siempre son hermosas. Hay jardines vacíos llenos de gente, y de música. Peter Pan era un niño que reía y daba palmadas, y un hombre que luchaba contra malvados piratas. Existen lugares llenos de poesía, de melancolía. Hay lugares que están llenos de ti.

Algunos hilos tejen redes, y algunas redes abrigan en invierno. Otras son raíces, y casi todas están hechas de sueños. Se han escrito muchos cuentos sobre caminos y apenas sobre llegadas. No hay romance sin noche estrellada. No hay novelas sin alguna gente buena, ni alguna gente mala. Todo es distinto con el frescor de la mañana. El mundo entero cambia a la luz de las velas.

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Jake de nuevo

Lo cierto es que siempre ha habido gentes de todo tipo en la ciudad. Desde que tengo memoria, he salido a las calles encontrándome rebaños de turistas perdidos entre una mezcla muy característica de olor a inciensos y humedad, ojeando piezas de orfebrería en la calle Praterías. En las aceras mojadas, como parte del paisaje, pintores que han inmortalizado en carboncillo las maravillas de la plaza de Fonseca, soñadores que vendían, y venden pulseras de hilo y otras baratijas, y juglares que aún cantan dando vida a las esquinas. Siempre ha habido hombres y mujeres de muchos sitios muy lejanos, muy distintos pero muy iguales en el fondo; todos buscaban algo, todos estaban impregnados de Santiago.

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Jake (Revisado 2006)

Jake era un chico del sur, alegre, soñador y vivaracho. De pequeño oyó decir a su padre que algunas mujeres, algunas veces, no mentían, y a su madre, que otras tantas eran los hombres quienes no hacían daño. Así que Jake pensaba que estaba prevenido y preparado para todo. Y creció muy deprisa.

Un buen día Jake decidió salir a ganarse las habichuelas fuera de casa. La vida en el sur era difícil para bohemios empedernidos, y en los bares y las plazas los ancianos hablaban de lugares mejores. Contaban leyendas que describían tabernas de piedra en nada parecidas a aquellas paredes de yeso donde se apuraban las jarras de cerveza sureña; rincones cálidos salpicados entre calles mojadas, donde una magia cautivadora se respiraba en el aire, los fantasmas moraban entre las vigas de madera de las alcobas, donde las sensaciones afloraban y el arte manaba de la roca enmohecida por el tiempo, y donde, si estabas triste, los juglares te devolvían la alegría.

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Princesa de la risa y el drama

Ella era la princesa de la risa y del drama. Cada vez que sonreía, derretía el hielo de las copas. Cuando nos miraba, nos embelesaba con su dulzura. Recuerdo los días de camping tanto como las noches, aunque bajo el sol nadábamos y dormíamos, y bajo la luna, el calor era distinto. Recuerdo también que las cervezas nos sabían dulces en vez de amargas, y que mucha gente envidiaba su sonrisa.

La primera vez que la vi, sus ojos brillaban tanto que tuve que apartar la mirada. Me pasé la noche mirando al suelo, pensando que yo nunca había matado un dragón. Después ella se marchó buscando aventuras, y estuvo un tiempo luchando en pos de fama y de gloria. Era la princesa más guerrera que nunca he conocido.

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Ángeles y humanos

Hubo un tiempo en que los ángeles moraban la tierra, campaban a sus anchas por valles, llanuras, y montañas. Dicen de aquella edad remota que el cielo era de un azul intenso y el sol brillaba con una luminosidad especial, onírica; su luz se derramaba sobre la hierba como leche en un cuenco, como si la magia fluyera y se pudiera respirar en el aire.

No habían aparecido aún los Reinos de los Humanos, ni tampoco había animales ni más plantas que la fresca hierba verde que cubría la Tierra entera. Los mares y océanos eran tranquilos, no había olas, tan sólo un sutil ir y venir de las aguas en la orilla, un continuo mecer que murmuraba suaves melodías, apenas un susurro. Tampoco había más viento que una ligera brisa arremolinada que corría entre los valles, libre realmente, ni más nubes que algún algodón ocasional allá en el horizonte, inmóvil a la vista, pues podría tardar semanas en cruzarlo de este a oeste o de norte a sur.

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Tiempo al tiempo

Puede que esta no sea tu noche, pero ahí fuera hay muchas calles con tu nombre. Hasta las ninfas salen de vez en cuando a jugar. Puede que el tiempo afecte tu capacidad de ver las cosas, pero tu punto de vista nunca afectará al tiempo. Puedes fotografiar un instante, pero jamás volverás a sentirlo, por muy alto que lo cuelgues en ese corcho tan lleno de besos robados. Quienes están destinados a encontrarse nacen en islas desiertas separadas y escriben libros con su Odisea. Tienen una barca sin remos y un manual para aprender a arreglar cafeteras rotas. Saben mucho, de casi todo, pero nunca saben suficiente de casi nada.

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Parece

Algunos días el cielo está más nublado de lo normal, pero si no le prestas mucha atención parecerá todo lo contrario. Una niña es mayor o vieja según quieras pensarlo. Dos lunas de azul pueden ser tu condena o tu rescate. Entonces descubres que la chica más bonita de tus sueños, sólo es la chica más bonita de tus sueños. Siempre hay cosas mejores y peores que estar desnudo y esposado. Pero sólo vemos lo que queremos ver, me dijo un filósofo del siglo XXI que también hablaba de viejos sabios griegos, del precio del petróleo, o de cómo preparar una hamburguesa XXL sin derramar el pepinillo; así que, olvídate de todo.

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Jake (2005)

Jake era un chico del sur, alegre, soñador y vivaracho. De pequeño oyó decir a su padre que algunas mujeres, algunas veces, no mentían, y a su madre, que otras tantas eran los hombres quienes no hacían daño. Así que Jake pensaba que estaba prevenido y preparado para todo. Y creció muy deprisa.

Un buen día Jake decidió salir a ganarse las habichuelas fuera de casa. La vida en el sur era difícil para bohemios empedernidos, y en los bares y las plazas los ancianos hablaban de lugares mejores. Contaban leyendas que describían tabernas de piedra en nada parecidas a aquellas paredes de yeso donde se apuraban las jarras de cerveza sureña; rincones cálidos salpicados entre calles mojadas, donde una magia cautivadora se respiraba en el aire, los fantasmas moraban entre las vigas de madera de las alcobas, donde las sensaciones afloraban y el arte manaba de la roca enmohecida por el tiempo, y donde si estabas triste, los juglares te devolvían la alegría.

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